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Vicente Lillo, en primer plano, asciende el Rhaski-Peak junto
a sus compañeros. /LP |
Un bombero que
llega con una moto de alta cilindrada para explicar su
última aventura como alpinista. Cualquiera pensaría que este
hombre es de esas personas que no ven la amenaza ni aunque
la tengan en sus narices, que anda sobre una cuerda floja en
cada paso de su vida. Pero Vicente Lillo no es de esos. En
su profesión tiene muy claro en qué circunstancias debe
jugarse la vida. Conduciendo, disfruta del placer de las dos
ruedas, no de la velocidad. «Yo siempre he ido con Vespas.
Mi mujer iba incómoda cuando la llevaba detrás, así que me
compré esta, que es más grande. A mí no me gusta correr»,
dice. Y, cuando sube los picos de montaña, piensa cada
movimiento dos veces. A este valenciano la gustan las
emociones fuertes. Lo que no le gusta es tentar a la suerte.
Le gusta rozar los límites. Lo que no le gusta es tocarlos.
Con este espíritu, Lillo cuenta su última aventura.
Una salida que
forma parte del proyecto 'Valencia por las montañas del
mundo', creado hace 12 años por Bomberos de Valencia y que
tuvo en Lillo a su gran impulsor. Esta vez tocaba subir el
Singu Chuli, un pico de 6.500 metros de altitud ubicado en
el Himalaya. «Después de pasar todo un día trabajando en el
glaciar, saltando grietas con bastante peligro de caída,
decidimos que no podíamos seguir por ahí, que no íbamos a
llegar porque el camino era infranqueable. Y volvimos otra
vez al campo 1», explicó. No pudo ser.
Las caras eran
de decepción. Pero el viaje deparaba a la expedición una
grata sorpresa. «Nos dimos cuenta de que había un pico de
menor altitud, el Rhaski-Peak, de 5.250 metros, y a primera
vista intuíamos una posible ruta de ascensión. Preguntamos a
los serpas -nativos que trabajan en las montañas y guían a
los escaladores- que venían con nosotros y ellos no tenían
ni idea de que allí subiera la gente. En el Himalaya parece
que esos picos se quedan pequeños. La gente va a hacer un
7.000, un 8.000 o un 6.000 como mínimo. Yo creo que es un
error, porque esos picos te dejan momentos tan agradables
como todos los demás. Y hay subir. El Himalaya no te regala
nada», agregó.
El día 29 de
octubre alcanzaron la cumbre con 22 grados bajo cero.
«Hablamos con los serpas y nos dimos cuenta de que por allí
no había subido nadie. Nos dimos cuenta de que éramos los
primeros españoles en subir al Rhaski-Peak y los primeros
del mundo en hacer esa ruta. Habíamos abierto una nueva ruta
de acceso. Había que ponerle un nombre y decidimos
bautizarla como la Ruta de los Valencianos. Habíamos marcado
un hito. Eso no es fácil en el alpinismo, hoy en día casi
todas las montañas están hoyadas por el ser humano», comentó
Lillo.
Empezó a los 16
años y ha cumplido los 52. Este bombero valenciano está
enamorado de la montaña. «Tengo un mapa mundi en casa y mi
hija va poniendo chinchetas en cada lugar que su padre
visita. De vez en cuando lo miro y pienso que ya he
recorrido unos cuantos sitios...», afirmó Lillo. El próximo
objetivo es el Chacraraju, una pared vertical de hielo de
800 metros situada en los Andes de Perú. «Vamos a practicar
el alpinismo puro y duro», apuntó.
Su relación con
el fuego le ha ayudado mucho para no poner el pie donde no
debía. «Los bomberos tenemos ese punto de que nos gusta un
poco el riesgo. Tenemos que estar preparados para cualquier
situación de riesgo. Lo vives y eso te acompaña para que
luego puedas afrontar las situaciones en la montaña con más
frialdad. No te pones nervioso, sino que valoras la
situación y la afrontas. A lo mejor otras personas con más
ímpetu no llegan a la valoración de saber dónde está el
límite. Yo siempre digo que prefiero venir y contar por qué
no he podido subir, que intentar subir y no poder volver
para contarlo», sentenció.
Lillo repite
que seguirá saludando desde las cimas hasta que su cuerpo
aguante: «El bombero es un hombre aventurero, con un cierto
sentido de la vida. Por norma general no somos gente
sedentaria. Somos gente muy activa, practicamos mil
deportes... Yo no me puedo quedar en mi casa leyendo le
periódico toda la mañana. Lo hago en cinco minutos y
rápidamente me voy a hacer cualquier actividad que tenga.
Acabo de hablar contigo ahora y me voy a mi gimnasio a
quemar adrenalina». Le queda gasolina para rato