Se puede
decir que el Atacama se sitúa entre el cielo y la
tierra, porque en él se unen el altiplano y el
desierto, siendo la altura la que limita y determina
la vida: sólo la flora y la fauna más fuerte y
especializada sobrevive a los caprichos de una vida
por encima de los 3500 metros.
En verano
se alcanzan los 30ºC durante el día. En las noches,
las temperaturas siempre bajan a 10ºC.
El desierto
de Atacama no es un lugar muerto, la vida existe,
pero hay que buscar.
Superando
su exótico nombre, el volcán Ojos del Salado se
eleva por encima de los 6800 metros sobre el nivel
del mar, siendo el volcán activo más alto del mundo
y la segunda cumbre en altura de toda América.
Lo cierto
es que escalar el volcán no implica mayores
dificultades técnicas, pero requiere aclimatarse a la
altura, lo que unido a la dificultad que representa
pedalear hasta que la montaña lo permita, hace de la
ascensión un complicado y ambicioso reto.